martes, 22 de junio de 2010

Elmo, la historia de un gato atropellado




Lo encontré una tarde de domingo del mes de junio del año 2004. Estaba tumbado bajo un banco de la C/ Velázquez. En algún punto entre la C/Villanueva y la C/ Jorge Juan. Por lo visto a nadie le había llamado la atención aquel gato blanco y negro tan sucio y tan quieto. Ese era Elmo. Me acerqué pensando que necesitaría ayuda, y por supuesto que la necesitaba. Se levantó y huyó a esconderse bajo un camión. Mientras huía me dí cuenta que la parte trasera se le tambaleaba unas veces hacia un lado y otra veces hacia otro. Pensé que tendría algún problema de cadera o de columna. Supongo que algún desalmado lo atropellaría y lo dejaría allí tirado. Fui corriendo a mi casa a por una lata de atún. No tengo gatos en casa, así que le ofrecí lo que pude. Además antes mi familia no me permitía entrar con animales en casa. Ahora las cosas han cambiado para mejor respecto a eso. El caso es que le puse la lata y empecé a llamar a conocidos metidos en el mundo de la protección animal. Para pedir ayuda (entonces todavía estaba de voluntaria en ANAA). Dí con una voluntaria del mismo albergue que me quiso ayudar con los gastos, pero no tenía casa para alojar a Elmo. Hablando con mi madre la convencí, ya que el pobre estaba muy mal y del dolor que tenía ni maullaba. Le prometí que al día siguiente lo sacaría para llevarlo al veterinario y, si todo iba bien, lo dejaría hospitalizado o en una guardería en espera de que llegara su turno para entrar en ANAA, donde pensaba haberle puesto en lista de espera. Así que salí con el transportin de Pochi (la coneja que tenía entonces), un palo de escoba y una sábana ( vale, no es la mejor opcion intentar coger a un gato con una sábana, pero no tenía ninguna manta ni ninguna toalla viejas). Así que armada con eso salí a la caza del gato, con mi madre como cómplice. El resto de la familia no sabía nada (jejeje). El caso es que me costó cogerlo. Elmo estaba muy nervioso, corría como podía, bufaba y lanzaba las garras de una manera que hacía la tarea exasperante. Fue corriendo bajo los coches hasta la C/ Lagasca y torció por esa misma calle. Subió a la acera y de allí al bordillo y, cuando pensé que lo cogía, se volvió a esconder bajo los coches, siguió corriendo hasta que se topó con dos o tres plazas sin ocupar y allí, con ayuda de un hombre que vio la escena, pude cogerlo. Él le tiró la sábana encima al gato y yo aproveché el desconcierto para meterlo en el transportín con ayuda del palo de escoba. De camino a casa consiguió desembarazarse de la sábana. Mi madre abrió paso para que nadie me viera. Entré en mi cuarto, abrí el balcón y saqué a Elmo (siempre dentro del transportín). Ya era de noche y no hacía frío. Lo dejé tranquilo un rato para que se calmase. Entré de nuevo en mi habitación, eché el cerrojo y metí a Elmo para darle comida y agua. Tenía miedo de que me arañara, pero sorprendentemente sólo me acarició con una pata. Bebió mucha agua. En vista de que no me arañaba y de que aparentemente no reaccionaba, lo saqué del transportín y al cogerle un pellizco de piel me dí cuenta de que estaba deshidratadísimo. No me cabía en la cabeza cómo un gato en ese estado había sido capaz de correr y defenderse de esa manera. Bajé a comprar suero a la farmacia y se lo di de beber, tanto como quiso. Al día siguiente, pude conseguir una cita con el veterinario, pero no me lo podía ver hasta las 17.00 de la tarde. Elegí llevarlo a ese veterinario porque era amigo del que era mi novio en aquel momento y me salía más barato, además es muy bueno (Manolo, Clínica 2000 de Tres Cantos). Así que hacia las 16.30 salí para allá con el gato. Manolo me confirmó que el gato estaba deshidratadísimo. Le inyectó suero y le sacó sangre para ver si tenía leucemia. Dejó el test haciéndose mientras le hacía las radiografías. El test de leucemia era negativo, pero las radiografías eran horribles. Se le había roto la columna por la zona de la cadera y por eso cuando huía, se le movía la parte trasera de esa forma hacia los lados. Se barajó la posibilidad de operarlo, pero iba a haber quedado necesitado de una silla de ruedas y Elmo era un gato salvaje, así que habría que haberlo liberado en una colonia controlada, pero por muy controlada que estuviera, un gato salvaje no puede vivir en una silla de ruedas. Así que la mejor opción fue sacrificarlo. Os dejo una foto en la que aparece Elmo en la mesa antes de que lo sacrificaran. Sus ojos se reflejan como luceros en la mesa metálica. Como veis es muy impresionante. Me quedé con él hasta que todo pasó. Fue muy triste y la pena es que esta historia se sigue repitiendo todos los días con otros miles de animales.

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