martes, 22 de junio de 2010

La suerte de Suerte


Buche y esófago con tricomoniasis


Foto de pichón abierto con tricomoniasis en la garganta.









Foto de paloma con tricomoniasis en la garganta



Suerte era una paloma común que encontré un domingo de mayo de este año en el Retiro. Iba paseando con mi madre y la ví. Allí inmovil en el salón del estanque, cerca de la fuente de los Galápagos. Me acerqué y enseguida me dí cuenta de que necesitaba ayuda. Estaba famélica. Era un pichón de unos 20 días. Enseguida lo llevamos a casa y le dí de comer y de beber con una jeringuilla. Como tenía que cuidar a mi hijo, tuve que esperar a la noche para que él estuviera dormido y poder buscar materiales para construir un dispensador de comida. Así que durante el resto del día le dí de comer a mano con ayuda de una jeringuilla y en presencia de mi hijo de 5 años, que preocupado me preguntaba por los papás de la palomita y yo le decía que no sabía dónde estaban pero que nosotros la íbamos a ayudar. Así se ponía contento y se sentía últil. Pedí cita con el veterinario y me la dio para dos días después. Cuando Adri se durmió construí el dispensador con los siguientes materiales:
1 jeringuilla (tamaño variable según edad), la de Suerte era de 60 ml
1 globo

1 goma elástica

Corté la cabeza de la jeringuilla y tapé el agujero con el globo. Sujeté con una goma elástica e hice un agujero en el globo. Mezclé lo que le había estado dando de comer hasta entonces: papilla soluble de bebé y alpiste mezclado con agua y lo eché en el dispensador. ¡Cómo comía! ¡Tenía un hambre! ¡Metía el pico en el dispensador con una ansiedad! A medio día no quiso comer más que un poquito. Por la noche no quiso cenar y el martes no quiso desayunar. Ese día la llevé al veterinario, quien me dijo que la paloma tenía tricomoniasis, una enfermedad muy grave y mortal en palomas. Además pesaba 25 gramos, cuando a su edad debía pesar 300. Decidí intentar salvarla, aunque las cosas estaban muy difíciles. Andrés me dió un antibiótico para darle dos veces al día y me recetó una papilla especial para cría con más calorías que lo que yo le estaba ofreciendo. Se la mezclé con alpiste y tenía que dársela en poca cantidad, ya que no tenía hambre y tenía que comer un mínimo, para ir engordando. La llevé a Los Sauces; la atendieron muy bien porque esa clínica tiene bastantes medios, pero ya era tarde. Ese día empezó a tener diarreas muy fuertes y vómitos. Llamé a la clínica aunque la chica que me atendió dijo que era normal, que si seguía así el miércoles la ingresarían. No me dio ninguna solución. Así que con mis conocimientos de homeopatía animal le corté la diarrea con fitoterapia y le disminuí los vómitos espesándole la papilla, pero aún así no había nada que hacer. La tricomoniasis estaba muy avanzada y el antibiótico no tuvo tiempo para actuar. A la mañana siguiente Suerte había muerto. Mi hijo la llamó Suerte. La suerte que tuvo de toparse conmigo y de no morir sola, tirada en la calle. Es que no me explico cómo entre tanta gente que pasea por el Retiro, nadie se hubiera dado cuenta de que Suerte estaba allí, esperando a morirse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario