miércoles, 9 de junio de 2010

Una vía hacia el conservacionismo

Esta vez quiero publicar este artículo que escribí para la revista Vegetus nº 11 de mayo de 2008:



Una vía hacia el conservacionismo

Si yo les dijera que a diario se cometen millones de asesinatos, en público y en privado. Que a diario arrancan hijos a sus madres previamente violadas, a las que finalmente asesinan en total soledad años después que a sus hijos en total soledad y que padecen tales desmanes que mueren toneladas de individuos y, si aún sobreviven, son destripados vivos, permaneciendo algunos de ellos vivos tras arrancarles las entrañas. Que hay otros que son abandonados a su suerte en las calles, en las que tiene que aguantar sin saber cómo, viviendo de la caridad de la gente, y muchos otros que viven amontonados en habitáculos en los que a duras penas cabría un folio, y podría seguir citando más casos.

Pero lo fundamental es que tras todo este dolor, sufrimiento y, muchas veces, muerte hay individuos que desean libertad, y sobre todo vivir sin miedo a sufrir, con la seguridad de que podrán disfrutar su vida igual que usted o yo. Usted pensará que estoy imaginando la escenificación del apocalipsis o del principio del fin del mundo, pero si cambiamos la palabra asesinatos por muertes y aclaramos que todo ello va referido a animales, nos daremos cuenta de que no estamos ante una cuestión semántica, sino ante una realidad lamentable que también puede afectar a la pervivencia del planeta.

Seguro que usted pensó que tales madres, hijos e individuos eran personas, pero ya dije que no me refiero a personas, aunque también ocurre con personas y nadie hace nada. A diario se matan a millones de animales en mataderos, alta mar o plazas de toros. También muchos animales denominados "de compañía" son abandonados en nuestras calles, y muchas hembras son preñadas a la fuerza para que podamos disfrutar de lácteos y leche, y hasta de sus propias crías. Y lo más llamativo es que ninguno de estos productos es necesario porque existen soluciones alternativas.

¿Creen ustedes realmente que las hembras no sufren al separarlas de sus crías? ¿Creen que las crías no sufren al separarlas de sus madres? Y sobre todo, ¿Creen ustedes que los animales no sufren al morir? Desde hace muchos años existen numerosos estudios que demuestran que los animales sienten dolor físico, entre ellos el Assesment of pain in animals realizado en 1991 por Bateson P.

Supongamos que no sufrieran dolor ¿Qué hay del miedo a la muerte o del sufrimiento y estrés psicológico? ¿No lo han sentido nunca ustedes en su propia piel? ¿Cómo podemos esperar que haya paz en este planeta si todos los seres con los que lo compartimos nos parecen meros recursos? Por no decir que el planeta es un recurso en sí mismo.

La principal conclusión que se desprende del estudio de Jeffrey Moussaieff Masson (Mundo emocional) es que los llamados animales de granja poseen una vida emocional intensa, en la que están presentes sentimientos como el amor, la lealtad, la amistad, la tristeza, el dolor y la pena. Los animales de granja poseen personalidades individuales diferenciadas. Se ha observado cómo las expresiones de estos animales cambian cuando se establecen lazos afectivos entre ellos o con humanos.
Existe también un caso documentado por Joan Dunayer que demuestra que los peces son capaces de ayudarse unos a otros.
Si seguimos explotando a todos los seres y al planeta de esta manera, derrochando agua y comida en animales para consumo o arrasando los mares con las redes ilegales, en pocos años no habrá nada. Este planeta quedará inerte.
Como se informa en la página web de “Hazte vegetariano”, la producción industrial de ganado contamina directamente las capas subterráneas, las aguas superficiales y los ríos a través del manejo de residuos de la industria del ganado, e indirectamente a través del uso de pesticidas y complementos alimentarios (hormonas, antibióticos, etc.) para el ganado. Además, gran parte de estas tierras se malgastan en cultivar pienso para el ganado. El agua usada en estas tierras representa una fuente de mal empleo del recurso.
Existe un gran desacuerdo en cuanto a las cifras exactas de agua que se requieren para la producción cárnica. El profesor David Pimentel, del Departamento de Ecología de la Universidad de Cornell, ha calculado que para producir 1 kilo de patatas se necesitan 500 litros de agua, 900 litros para 1 kilo de trigo, 3.500 litros para 1 kilo de carne de pollo y 100.000 litros para 1 kilo de carne vacuna. Una estimación más conservadora hacen Beckett y Oltjen del Departamento de Ciencias Animales de la Universidad de California: para producir 1 kilo de trigo se requieren 120 litros de agua y para 1 kilo de carne vacuna, 3.700 litros de agua. Es interesante mirar un poco más de cerca estas cifras: sean los cálculos del profesor David Pimentel o los de Beckett y Oltjen, la producción de carne vacuna representa un gasto escandaloso de agua comparado con la producción de alimentos de origen vegetal.
Producir 1 kilo de carne requiere 2.800 kilocalorías y 174 gramos de proteínas. Producir 1 kilo de trigo requiere 3.300 kilocalorías y 110 g. de proteínas. Teniendo en cuenta los datos de Beckett y Oltjen, 1 kilo de carne de vaca requiere 3.700 litros de agua y 1 kilo de trigo requiere 120 litros. Vemos que mientras la producción de trigo nos da un promedio 27,5 kilocalorías por cada litro de agua usada, la carne vacuna provee de sólo 0.76 kilocalorías por litro. Esto quiere decir que producir carne vacuna requiere 36 veces más agua por caloría que el trigo. Cuando hacemos el mismo cálculo para la proteína digerible, el trigo es 18 veces más eficiente en el uso de agua que la carne vacuna.
Desde éstos cálculos, producir un kilo de carne vacuna usa tanta agua como:
40 lavabos
Tirar de la cadena del báter 300 veces
100 veces la cantidad de agua potable por persona calculada por la UNESCO (la cantidad de agua disponible por habitante del planeta se cifraba en 1970 en 12.900 m3, pero hoy apenas llega a los 7.000, y está previsto que en 2025 sólo ascienda a 5.100)
También podemos encontrar en la citada página web que la pesca industrial arrasa sistemáticamente los mares, pescando cantidades que sobrepasan los niveles de sostenibilidad, lo que tiene consecuencias desastrosas para la salud oceánica. Las tasas de crecimiento bajan y al mar le resulta cada vez más difícil recuperar el estado normal de las especies.
Las piscifactorías, además, son altamente contaminantes y manipulan las especies naturales (crean peces más resistentes, grandes etc). Los salmones procedentes de estas piscifactorías, por ejemplo, han hecho bajar la población del salmón silvestre. Cada año, miles de salmones de factorías escapan de las jaulas marinas, compitiendo con los salmones silvestres por los alimentos, transmitiéndoles sus parásitos y enfermedades. En muchas áreas de granjas salmoneras, el salmón silvestre casi no existe. La tasa existente entre salmones de granja y salmones silvestres es de 7:1.
Aún con estos problemas, la acuicultura tampoco es una manera sostenible de producir alimentos. Los salmones son alimentados con peces naturales o con alimentos hechos de peces naturales. Se necesitan más de tres toneladas de peces para producir una tonelada de salmón de granja.
Pero éste no es el único problema de las granjas salmoneras: enfermedades y polución del agua también son parte de su producción. El nitrógeno y el fósforo de las granjas salmoneras, las heces y la orina causan enfermedades. Muchos residuos de las granjas salmoneras son tratados con químicos que envenenan la vida acuática local.
Pero ¿Qué podemos esperar de nuestra especie humana? Nos da igual pez que reptil, mamífero que ave, incluso entre nosotros nos pisoteamos sin motivo. Algunos de ustedes dirán que no es posible acabar con esto, pero sí lo es. Cada vez hay más personas de todas las edades que han prescindido del consumo de animales y de sus derivados. Según algunos estudios esto es posible, entre otros el estudio de la American Dietetic Association y The Oxford Vegetarian Study.

A alguien se le ocurrirá decir: "¿Y las plantas, no son seres vivos?" Sin duda lo son; sin embargo, en contra de lo que ocurre con los animales, no existen estudios que confirmen su sensibilidad porque está demostrado que carecen de sistema nervioso. Pero en cualquier caso quienes se alimenten de animales o de sus derivados matarán indirectamente más plantas que cualquiera que no los consuma, pues con ellas hay que alimentar a los animales.

A lo referido anteriormente como al consumo de animales, maltrato… se denomina "especismo". Es evidente que en estos momentos el especismo, socialmente hablando, no está reconocido como un problema, pero no cabe duda que en un futuro más o menos próximo se tomará conciencia de ello, de la misma manera que hace unos pocos años el sexismo y el racismo tampoco tenían la trascendencia social que hoy tienen.

Para terminar quisiera apuntar lo injusto que me parece matar animales para deleitar el paladar de los humanos. Sólo por unos hábitos erróneos mueren miles de millones de seres inocentes, con ellos, mediante la manera de alimentarlos o capturarlos (redes) muere también nuestro planeta, que es nuestro hogar. Como última cuestión: ¿Merece la pena contribuir al deterioro del planeta provocando el sufrimiento a tantos seres desprotegidos en lugar de adoptar soluciones alternativas?

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