martes, 8 de mayo de 2012

El veneno del odio





Mohamed Merah










                                                                                                  Anders Behring Breivik


Con motivo de la celebración juicio que se está llevando a cabo contra Anders Behring Breivik (asesinó a 69 personas en Noruega pistola en mano el verano pasado), he decidido escribir este artículo en el que a su vez analizo otros casos de asesinato a sangre fría.

A veces la gente se pregunta si quienes cometen estas matanzas están locos o si son personas frías y calculadoras. Yo me decanto por lo segundo.

El caso de Breivik ocurrió el 22 de julio de 2011, cuando hizo estallar un coche bomba en el complejo gubernamental de Oslo, que causó la muerte a 8 personas, e inmediatamente después se desplazó hasta la isla de Utøya, donde realizó la matanza de otras 69 personas. Breivik se hizo pasar por agente de policia y se acercó al campamento juvenil del partido laborista que tenía lugar en la mencionada isla. Sirviéndose de su autoridad de falso policía reunió a las personas a su alrededor con la excusa de ofrecer información sobre el atentado que él mismo había provocado en el complejo gubernamental de Oslo y comenzó a disparar. Llevaba consigo una pistola y un rifle automático. Fue arrestado en Utøya 90 minutos después de haber comenzado la masacre.

No creo que Breivik padeciese un trastorno mental, teniendo en cuenta que este hombre tiene ideología ultraderechista y que actuó solo. Pensemos un momento ¿qué clase de loco calcula todo tan milimétricamente? Usó el atentado como tapadera para desviar la atención y luego se fue a la isla disfrazado de policía, y con el pretexto de dar información sobre el atentado se lió a tiros con aquellas personas que según él le “parecían marxistas”. Lo tenía todo muy calculado para ser un loco, sabía muy bien lo que hacía; simplemente estaba tan convencido de sus ideas y tenía tanto odio acumulado que decidió que matar a estas personas era una buena idea para luchar por su causa.

Otro caso más reciente es el de Mohamed Merah. Mató a siete personas e hirió a dos. Luego murió en un enfrentamiento con la policía Francesa.


El 11 de marzo contactó con el sargento jefe Imad Ibn-Ziaten del primer regimiento de paracaidistas, mediante un anuncio de venta de una moto que había publicado en una página web. Fue abatido en el lugar en que se había planificado el encuentro, un parque en el barrio de Montauban en Toulouse, con un arma de calibre 45.


El 15 de marzo dos militares, Abel Chennout (24 años) y Muhammad Legouad (28 años), fueron asesinados y un tercero, Loïc Liber (28 años) fue herido de gravedad al salir del cuartel de Montauban. Los tres pertenecían al 17.º regimiento de ingenieros paracaidistas. Se encontraron en el lugar del crimen 13 casquillos de calibre 45 similares a los del primer crimen. El asesino huyó en una Scooter.


El 19 de marzo, volvió a disparar. Esta vez en la escuela judía Ozar Hatorah de Toulouse a las 8 de la mañana. Los testigos le describieron como un hombre con una cámara ajustada al pecho que iba en una moto Scooter. Mató a cuatro personas: Jonathan Sandler un rabino franco-israelí de 30 años que impartía clases en el colegio, sus dos hijos, Gabriel (4 años) y Aryeh (5 años), y a la hija del director del colegio Myriam Monsonego (7 años) e hirió a un joven de 17 años. Huyó en la Scooter arriba mencionada. Primero había empleado un arma, posiblemente de 9 mm, en el exterior del centro y esta se había encasquillado. Entró al centro y empleó una segunda arma, de calibre 45.


En la madrugada del 27 de marzo Mohamed Merah se atrincheró en un apartamento de la periferia de Toulouse. Una unidad de élite de la policía francesa, el RAID, rodeó la vivienda desde las tres de la mañana e intentó negociar su rendición, sin éxito. Durante la mañana, el presunto asesino mostró su intención de entregarse por la tarde, pero no hubo avances.


El sospechoso, Mohamed Merah, de 23 años de edad y nacionalidad francesa de origen argelino, es conocido como un delincuente común, chapista de profesión. Se creía que tenía relación con grupos salafistas, islamicos radicales y con la red terrorista Al-Qaeda. Pero finalmente se descubrió que actuó solo.


Todos los asesinatos fueron grabados y él mismo aseguró que lo hizo para vengar a los niños palestinos y para "responder a las intervenciones militares de Francia en Afganistán". Además al sargento jefe Imad Ibn-Ziaten fue capaz de tenderle una trampa, así que tuvo que averiguar que necesitaba la moto para poder aproximarse a él. Se puede apreciar que tenía todo premeditado. Un loco no sería capaz de tejer una trama tan complicada y mucho menos huir de varios escenarios del crimen sin ser detenido.


Según el sociólogo Jean-Claude Paye, Anders Behring Breivik, no presenta síntomas de una súbita locura ni de ninguna patología extraordinaria. Lo más probable es que, al igual que el autor de las recientes masacres de Montauban y de Toulouse en Francia, Mohamed Merah, el noruego Breivik simplemente se tomó en serio el discurso político-mediático del «choque de civilizaciones». Este mismo sociólogo afirma que tanto Merah como Breivik se creyeron lo que les decían, escogieron su bando en ese conflicto imaginario y quisieron probar su coraje pasando a la acción. Para Jean-Claude, el enfermo no es el asesino de masas postmoderno. Quien tiene que recuperar la razón es la sociedad que está avalando la retórica neoconservadora a través de las guerras imperiales y las leyes securitarias.


Otra masacre también muy sonada fue la de Columbine de 1999. Ocurrió en Littleton, Colorado. Dos adolescentes, Eric Harris, de 18 años de edad, y Dylan Klebold de 17, entraron armados en la escuela, de la cual eran alumnos. Eric Harris portaba un fusil Savage-Springfield, una carabina Hi.Point 995 de 9 mm (con la que se suicidó disparándose en la boca). Dylan Klebold llevaba una escopeta Stevens 311D de dos cañones y una pistola-ametralladora (arma semiautomática) TEC-9 de 9 mm (con la que se suicidó al dispararse en la cara). Entre los dos sumaban 99 bombas de propano, de ellas dos de 10kg que se colocaron en la cafetería y las bombas trampa que pusieron en sus coches.


Los adolescentes, antes de suicidarse, realizaron numerosos disparos en la cafetería y en la biblioteca de la escuela, asesinando a 13 personas (12 alumnos y un profesor) e hiriendo a 24 alumnos, resultando un total de 15 personas fallecidas. En total hubo dos tiroteos: el primero desde que los dos adolescentes abandonaron el estacionamiento hasta que entraron en el instituto; primero asesinaron a Rachel Scott, que estaba almorzando junto a su compañero Richard Castaldo (éste quedó paralítico tras recibir impactos de bala en la columna), luego a Daniel Rohrbough, cuando intentaba huir del instituto y finalmente a Dave Sanders, quien falleció horas después de recibir los disparos por pérdida de sangre. El segundo tiroteo fue el más sangriento, en el cual fallecieron 10 alumnos y otros muchos fueron heridos. Los dos adolescentes, tras veinte minutos disparando en la cafetería e incendiándola, subieron de nuevo a la biblioteca, desde donde lanzaron una última ráfaga de disparos a la policía y se suicidaron, primero Eric Harris, disparándose en la boca, y después Dylan Klebold disparándose en la cara. Se trata, hasta hoy día, del tiroteo más sangriento producido en un instituto en toda la historia de los EE.UU.


Se dice de ambos que eran inteligentes, procedían de hogares consolidados con dos padres, y tenían hermanos mayores. En la escuela primaria, Klebold y Harris practicaban deportes como beisbol y fútbol. A ambos les gustaba la informática.

Los chicos tuvieron que mudarse en Julio de 1993 a Littleton, Colorado. Cuando ambos entraron en secundaria en Columbine, tuvieron dificultades para adaptarse al centro, debido a que el resto de los alumnos les molestaban continuamente.

De todo esto se desprende que estos chavales no tenían ningún trastorno que les impidiera pensar correctamente. Simplemente eran inseguros y se les machacó psicológicamente antes de que decidieran iniciar la masacre. Lo tenían todo planeado y, como los anteriores, trazaron su plan sin dejar cabos sueltos. El odio los movía. Ellos mismos admitían que odiaban el mundo y sus injusticias.

Janire Rámila Díaz, Licenciada en Periodismo, Derecho y máster en Criminología y cofundadora de la empresa de servicios criminológicos Grupo Detecta dice lo siguiente de Mohamed Merah y de Columbine:


“Si tuviera que clasificar a Mohamed Merah, personalmente lo incluiría en una categoría intermedia entre los asesinos seriales y los asesinos de masas. En los primeros porque espaciaba sus crímenes, y en la segunda porque en cada ataque acababa con la vida de varias personas. Pero creo que está más cerca de los asesinos de masas. Y es que su comportamiento me recuerda poderosamente a otros asesinos de esta categoría tan famosos como Eric Harris y Dylan Klebold, los dos adolescentes que en 1999 terminaron con la vida de 15 personas en la Escuela de Secundaria de Columbine […]”

Y como última masacre, me planteaba hablar sobre el 11-M, pero ya tengo representante musulmán, así que he preferido hablar de la ya casi extinta ETA, que me parece más representativo de este país:


El atentado al Hipercor de 19 de junio de 1987 se realizó con un coche bomba cargado con 30 kilos de amonal y cien litros de gasolina. Los miembros del Comando "Barcelona", Josefa Ernaga, Domingo Troitiño y Rafael Caride Simón depositaron el explosivo en el maletero de un Ford Sierra robado que dejaron en el aparcamiento del hipermercado Hipercor, situado en la popular Avenida Meridiana de Barcelona.


Según quedó probado en el juicio, Troitiño realizó tres llamadas de aviso desde una cabina telefónica, dirigidas a la Guardia Urbana de Barcelona, a la administración del propio establecimiento y al diario Avui. A pesar de ello, la dirección de Hipercor y las fuerzas policiales no consideraron necesario el desalojo del local, y emprendieron la búsqueda del artefacto, aunque sin resultados. Al ser un viernes a primera hora de la tarde, el local se encontraba atestado de gente realizando sus compras.


A las 16:10 h., actuó el temporizador que activaba los explosivos, ocasionando una enorme explosión que voló por los aires la primera planta del garaje, provocando un socavón de 5 m de diámetro en el suelo del establecimiento, por el que penetró una bola de fuego que abrasó a todas las personas que encontró a su paso. Además, los gases tóxicos producidos provocaron la asfixia de otros no afectados por el fuego. Como consecuencia, perecieron 21 personas, y 45 resultaron heridas de diversa consideración. La llegada inmediata de la Policía y los bomberos atenuó el alcance de la masacre, ya que, de no haberse extinguido a tiempo, el incendio habría afectado a otras plantas del supermercado. Entre los fallecidos (la mayoría de los cuales fueron mujeres), algunos de los cuales quedaron completamente carbonizados, se encontraban también varios niños.


La explosión provocó además la destrucción de unos 20 vehículos que se encontraban en el aparcamiento siniestrado, además de daños de diversa consideración en algunos inmuebles vecinos, sobre todo balcones y cristales.


No considero importante explicar el ideario de esta asociación terrorista porque queda claro que son independentistas vascos. Me interesa más bien el aspecto común con los anteriores.


Janire Rámila Díaz también dice sobre Mohamed Merah y sobre ETA lo siguente:


“Tanta preparación exime a Mohamed Merah de padecer una enfermedad mental grave. Porque nadie que esté loco mide con tanta precisión sus pasos. Recordemos que antes de comenzar a matar acudió a un concesionario de motos para anular el localizador de su motocicleta y que supo tender una trampa a uno de los soldados tiroteados, escribiéndole a un mensaje de correo electrónico. Se debate si se trata de un psicópata, pero tal posibilidad va a ser difícil de averiguar, ya que asegurarlo pasaría por realizar una entrevista personal al sujeto y eso ya no es posible. Sí es cierto que algunos aspectos de su vida apuntan a esa posibilidad, pero otros muchos no. Además, la mayoría de los terroristas no son psicópatas. Los miembros de ETA son un buen ejemplo de ello. Los crímenes por odio o por venganza suelen ir por otros derroteros ajenos a la psicopatía, lo que tampoco quiere decir que la excluya.”


De todas formas, desde mi punto de vista todo esto puede también aplicarse al resto de autores de masacres mencionadas, ya que los demás también tenían todo calculado al milímetro.


La misma especialista arriba nombrada dice en referencia a Mohamed Merah y a la masacre de Columbine, que en ambos casos sus autores actuaron por odio y venganza hacia personas a las que culpaban de sus frustraciones. También en estos supuestos los asesinos utilizaron armas de fuego, acabaron con un gran número de víctimas, estaban preparados para afrontar su final y prepararon los actos con mucha antelación. Por si esto fuera poco, sus protagonistas dejaron grabaciones de sus actos o de sus intenciones. Mohamed Merah mandó una memoria USB con la grabación de los asesinatos a la oficina de la cadena de televisión Al Yazira en París. Grabar los actos indica una intención de perdurar en el tiempo, de ser reconocido, de difundir "una obra personal". De ahí que Mohamed Merah portara una cámara pegada al pecho durante sus ataques, porque deseaba mostrar al mundo de lo que era capaz y que estos le recordasen para siempre por sus asesinatos.


Tanto Breivik como la banda terrorista ETA sentían odio y venganza hacia las personas a quienes culpaban de sus frustraciones. Breivik también grabó sus actos.


Quiero recalcar que es muy fácil hablar de locos que cometen masacres, cuando la realidad según los expertos es que no están locos sino que, al contrario, estaban en perfectas condiciones mentales al cometerlas, y el problema es que son personas débiles machacadas emocionalmente que han sucumbido a ideas radicales y las defienden a ultranza. Se consideran como los cruzados en sus cruzadas particulares. Y eso en parte es culpa de la sociedad.

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