sábado, 11 de agosto de 2012

Flitter, un murciélago en pleno día

Una mañana del mes de septiembre de 2011, iba con mi hijo Adrián camino del río, en el pueblo (Gumiel de Izán) cuando vi un animal sobrevolar nuestras cabezas, y me extrañó. Pensé que estaba soñando era… ¿un murciélago? Qué raro. Mis sospechas se confirmaron cuando segundos después el animal se chocó contra la puerta de un corral. Un murciélago adulto, tan pequeño que apenas abarcaba la palma de mi mano, cayó al suelo y trataba de alzar el vuelo infructuosamente mientras saltaba en el suelo. La verdad es que no sabía que hacer porque, por un lado, estos animales muerden (y transmiten la rabia) y no tenía con qué cogerlo, pero tampoco podía dejarlo ahí solo, porque, obviamente, podría lastimarse. Miré alrededor para ver si en el camino de tierra o en las huertas que había al otro lado de los corrales podía localizar algo, y al girarme encontré una caja de cartón al lado de la puerta de una de las huertas. Estaba vacía, así que la cogí. La puse a la altura del murciélago saltarín y lo empujé con la mano hacia dentro. Trató de morderme, pero afortunadamente no lo consiguió. Imagino que lo despertaría algún depredador y saldría huyendo.

Lo llevé a casa y comencé a telefonear a diferentes sitios para ver si conseguía averiguar qué hacer con él. Llamé al SEPRONA, debido a que los murciélagos son una especie en peligro de extinción y se supone que tienen obligación de recogerlo; pero claro, debe ser que no les merece la pena desplazarse  por un solo murciélago, por lo que me dijeron que se pondrían en contacto conmigo, aunque jamás llegaron a hacerlo. Llamé al Hogar de Luci (Madrid) y me dieron el teléfono de una protectora de fauna salvaje de Burgos (donde está el pueblo), pero no me lo cogieron. También me facilitaron el teléfono de Brinzal (Madrid), una protectora de aves (aves nocturnas especialmente). Aunque los murciélagos no son aves, pudieron darme pautas. Me preguntaron por el tamaño, posición de la cabeza y de las extremidades… y me dijeron que probablemente estaría bien y que lo soltara por la noche, pero no me supieron decir si tenía que ofrecerle comida o si tenía que ofrecerle bebida. Así que llamé al veterinario de Ángel (mi ninfa) y Valentino (mi ardilla coreana). Me dijo que le ofreciera agua con miel (que, como vegana, no tengo), así que al final le dí agua con sirope de ágave (que también le pareció buena idea al veterinario) para hidratarlo. Le acerqué la mezcla, pensando cómo me las iba apañar para dárselo sin recibir un bocado. Cogí un bastoncillo y lo mojé en el líquido, se lo puse junto a la boca. El murciélago, tendido en el fondo de la caja, empezó a chupar como un loco. Al ver que estaba tranquilo, lo cogí con la mano; esta vez no hizo amago de morderme. Es como si después de haber descansado un poco y ver que le daba de beber, hubiera entendido que no corría peligro, o quizá simplemente estaba agotado.

 Mientras yo le daba de beber, mi hijo le puso el nombre de Flitter. Cuando terminé vi un palo fino en el suelo del corral, y le pedí a mi hijo que me lo acercara. Probablemente sería la ramita de una cepa. Hice un par de agujeros en la caja y atravesé el palo. Luego ayudé a Flitter a colgarse de él. Lo dejamos tranquilo hasta la noche. Más tarde, hacia las 9.30 p.m., volví con Adrián para soltar al murciélago.

Yo le había construido una plataforma de plástico con un envase de comida china que colgué de la higuera de corral. La intención era colocar allí al murciélago para que pudiera lanzarse y salir volando.

 Flitter se había soltado de la ramita y estaba tendido en el fondo de la caja; imagino que trató de descolgarse y volar sin saber que estaba tan cerca del fondo. El caso es que cogí a Flitter en mis manos y traté de colocarlo en la plataforma, pero él no quería. Así que lo cogí entre mis manos hasta que se calmó de nuevo y, al abrirlas, fue a colgarse de la puerta del corral con un pulgar. Le ayudé a sujetarse con el otro pulgar y me llevé a Adrián a dormir. Cuando volví de acostar al niño, Flitter ya se había ido.

Siempre había deseado tener un murciélago tan cerca, pero jamás pensé que iba a llegar a encontrarme un murciélago en pleno día. Fue una experiencia preciosa el poder ayudar a este animal tan maravilloso.

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