domingo, 21 de junio de 2015

¿En que deberíamos parecernos más a los animales?


Como todos sabemos la palabra animal, aparte de referirse a cualquier ser vivo del reino animal, tiene connotaciones bastante negativas. Por ejemplo, si buscas esta palabra en cualquier diccionario de sinónimos, puedes encontrar: alimaña, bestia, bruto, fiera, ignorante, iletrado, grosero, zopenco, zote, bruto, inculto, analfabeto, torpe, tarugo, burro, rudo, cafre, incivilizado, maleducado, visceral, pasional… todos ellos con significado despectivo, por lo que los burros, que son animales nobles y tranquilos, tampoco se libran de la acepción despectiva.
El caso es que teniendo en cuenta mis conocimientos como etóloga, habiendo observado las reacciones de los animales y comparándolas con las de las personas, llego a la conclusión de que, en vez de empeñarnos en que podemos con todo y que la especie  humana está compuesta por algún tipo de dioses de carne y hueso, deberíamos mirar un poco más hacia los animales y aprender de ellos.
Los animales no saben lo que es la venganza, ni el odio, ni la manía... También es cierto que mucha gente utiliza estos términos para referirse a los animales, pero ellos no los sienten. Son reacciones, sentimientos y sensaciones humanas que proyectamos sobre ellos al tratar de justificar ciertos comportamientos suyos que no entendemos.
La gente vive con mucha ansiedad debido a sucesos que les pasaron o que les van a pasar (y que a veces ni siquiera llegan a pasar). Sin embargo, si os fijáis en los animales, ellos viven en el presente. No se pasan todo el día pensando en si van a ver al niño que les dio una pedrada, o al señor que les dio una patada o al perro que los mordió o al gato que los arañó, etc…  Si un animal sufre un ataque o algún accidente en ese momento reacciona. Pero una vez ha pasado le importa poco, aparentemente es como si lo hubieran olvidado. Pero ¡claro que no se ha olvidado! Si se vuelven a dar las mismas circunstancias, el animal tratará de anticiparse para no volver a pasar por lo mismo; sin embargo, el ser humano es capaz de estar horas, días, meses… incluso toda la vida pensando en lo que pasó y preocupado por si le puede volver a pasar. Así está el mundo y así están las farmacias ¡vendiendo miles de ansiolíticos todos los días! que sirven para dar una apariencia calmada, pero realmente no solucionan el problema. La ansiedad interna no para y si dejas las pastillas vuelves a lo mismo.
Es cierto que entre los animales que tienen más contacto con los seres humanos también existe la ansiedad. Suele ser porque la persona que tiene un animal a su cargo a veces no distingue el lenguaje de su compañero animal. Por ejemplo, un problema común es la agresividad por dominancia (sólo aplicable a animales jerárquicos), que es un motivo frecuente de consulta etológica y que causa ansiedad al animal, porque éste sólo quiere saber el puesto que ocupa en la jerarquía. Hay que dejarle claro en qué lugar de la jerarquía está. Si tú le das señales de que está por encima de ti en la jerarquía y luego contradices esas señales indicándole que estás por encima, el animal puede reaccionar gruñendo y, si se le permite tal reacción, puede acabar mordiendo y, si se permite ese comportamiento, acabará situándose arriba del todo de la jerarquía. Esto puede compararse a una familia humana, de esta forma: Los padres son los que mandan (siempre hay alguno de los dos con más autoridad) y los hijos están por debajo de ellos en la jerarquía. Siempre el que manda es el más capacitado para ejercer ese poder. En el caso del perro arriba mencionado, en cuanto pase el incidente se olvida; de hecho para solucionar estos casos, se recomienda dejar tranquilo al animal una temporada y evitar los enfrentamientos durante un tiempo y emprender un plan de acción. Si durante el tiempo de espera ocurriese un incidente y volviese a gruñir lo que se recomienda es salir por la tangente. Por ejemplo, mostrar la correa e indicarle al perro que lo vas a sacar de paseo. Se podría pensar que se está premiando una conducta nefasta, pero con esto se consigue que el perro olvide que estaba en medio de una lucha de poder y que se centre en el paseo, que es lo que tiene en este momento.
A veces entre las personas se oye la expresión: “¡es que a este hay que ponerle en su sitio ahora o si no se desmadra!” Así que la persona que opina eso está pensando en un futuro, por tanto, en una venganza, y probablemente esté basándose en algo de odio. Está suponiendo que alguien le ha hecho algo porque le quiere fastidiar y quiere adelantarse a la próxima vez, en lugar de esperar a ver como actúa la otra persona y reaccionar en consecuencia. El perro antes mencionado esperaría a que le volvieras a intentar bajar de su sofá favorito, de la cama o de lo que haya considerado que es suyo por derecho. Jamás pensaría: “Ale, para que este pesado sepa quien manda, le voy a dar un mordisco ahora mismo”. Como he dicho antes, los animales no conocen el odio, ni la venganza.
También hay animales que en cuanto los sacas a la calle meten el rabo entre las patas y van con los ojos tan abiertos que parece que se les van a salir de las órbitas y si pueden erguir las orejas (según raza), las tendrán erguidas, siempre alerta. Parece que van con miedo a todos los lados. Estos son animales que no están socializados. Es decir, tienen pánico a todo (esto es común en animales jerárquicos y no jerárquicos). Son casos extremos de falta de socialización con su especie. Sucede cuando se ha separado al animal de su madre antes de tiempo. En el caso de los perros sería entre 7 y 8 semanas, aunque lo mejor es agotar las 8 semanas. En el de los gatos unas ocho semanas como mínimo, mejor esperar 10. (cada especie tiene su límite). Es lo mismo que pasaría si un niño perdido o abandonado fuera criado por animales y, de repente, volviera a la sociedad humana. No sabría para qué sirven las cosas que son habituales para los humanos ni sabría relacionarse ni comunicarse con ellos. Los animales igual. No han tenido una madre que les enseñase a sentirse seguros y, obviamente, el humano no puede suplir esta carencia. Alguno de vosotros habrá visto un perro por la calle que va con la posición que he explicado, que se asusta cuanto de abre una puerta o cuando pasa un coche o una persona. No es que no vivan en el ahora, es que todo lo que están viendo en ese momento les da miedo. Seguro que a los humanos que viven con ellos no les tendrán miedo porque se habrán acostumbrado a ellos, y en casa serán animales tranquilos y ¡cualquiera diría que el perro hace un momento ha estado asustado en la calle!
En otros casos los perros cogen miedos o se vuelven agresivos en situaciones en las que no pasa realmente nada porque la persona responsable de su cuidado, ya sea sin querer o queriendo, se lo fomenta. Es el caso de un perro que nunca tuvo miedo a los coches, pero un día, por ejemplo, pasa uno muy rápido a su lado en un momento en el que no se lo espera, con lo cual el animal se asusta y la persona que está con el va a consolarlo (lo acaricia, lo achucha…). El animal interpreta eso como que la reacción es la adecuada y tomará el consuelo, como un premio, así que cada vez que pase un coche, irá a por “el premio” y se mostrará asustado. O cuando sacas de paseo al perro y se cruza con un perro que lo ladra (o empieza a ladrar primero él). Si tú para calmarlo lo acaricias, lo achuchas y utilizas palabras dulces, el perro entiende que lo estás premiando y, cuando vuelva a cruzarse con otro perro, reaccionará de la misma manera.

En definitiva, esto es lo mismo que pasa con los niños. Si tú le das importancia a un hecho que realmente no la tiene (como el ejemplo del coche con el perro) cada vez que le pase eso mismo irá a recibir su ración de mimos. No digo que no haya que consolar a los niños y a los animales, pero creo que todos sabemos que, especialmente a los animales, a veces se les mima en exceso (observad todo el negocio de ropa, comida especial para tipos de razas diferentes, joyas…), sobre todo a los animales de razas o especies más pequeñas (que son más achuchables). Simplemente hay que saber hacerlo sin darle importancia a lo que no la tiene.

Por otro lado, los seres humanos somos animales jerárquicos, igual que lo pueden ser los leones, los perros, los lobos, los elefantes, gorilas… o cualquier animal que viva en grupo. La diferencia del ser humano con el resto de animales es que los animales no “eligen” a sus líderes de la misma forma que nosotros (salvo en las familias). En nuestro caso se eligen en base a nivel adquisitivo, conocimientos…Así, te pueden contratar en un lugar de trabajo en el que tu jefe tenga muchos conocimientos en la materia que le compete, pero que no tenga ni idea de cómo dirigir un grupo de personas o ni siquiera sepa dirigir a una y puede ser que el jefe de turno sea una persona a la que nadie respete o un energúmeno insoportable. Los animales jerárquicos siempre tienen que demostrar que pueden dirigir su manada (hay que reconocer que, a veces, las formas no son muy ortodoxas…) y si llega el momento en que no son capaces de demostrarlo, son siempre depuestos por aquél que tenga las capacidades de líder.
Cuando hablo de jerarquía no me estoy refiriendo a someter a nadie. Simplemente me refiero a ser firme; pero un líder, además de firme, también puede ser dulce.
Cuando comparo a los humanos con el resto de animales, la gente suele escandalizarse (sobre todo si no son vegetarianos/veganos), así que pondré un ejemplo.
Si tú, como adulto, ves que un niño pequeño que está a tu cargo está jugando con una planta (vaciando el tiesto en el suelo, comiendo el estiércol, rompiendo sus hojas…) lo normal es que trates de disuadirle de hacer eso. Lo mejor para hacerlo es simplemente decirle “no” de forma clara, apartarlo de la planta y ofrecerle un juguete que le resulte más divertido que destrozar la planta. El niño entenderá que tiene que obedecer (porque entiende que eres tú el que está al mando) y se quedará jugando con el juguete que se le ha ofrecido (siempre que le guste). Si entramos en explicaciones del tipo: “no tienes que jugar con la planta porque es un ser vivo…” ¿Alguien cree que un niño pequeño va a entender eso? El niño seguirá jugando con la planta ¡qué es más divertido! Si optas por darle una torta, el niño pequeño sabrá que le has pegado pero no va a entender el motivo. El niño sólo entenderá que se estaba divirtiendo y que le has pegado. Así que en cuanto te despistes volverá a jugar con la planta. Con los animales jerárquicos es igual. Si tú ves al animal que está a tu cargo jugando con una planta, tienes que hacerle entender que quien tiene el mando eres tú. De la misma forma que con el niño: Se le diría “no” de manera clara, se le apartaría de la planta y se le ofrecería otra cosa para jugar que también lo divierta. A nadie se le ocurriría explicarle a un perro (o animal en general) que las plantas son seres vivos ¿verdad?, porque aparte de que el animal no se enteraría de nada, reaccionaría como en el caso del niño: Es más divertido destrozar la planta que escuchar el sermón. Y pegarle sería igual de inefectivo. El animal solo entenderá que estaba divirtiéndose y que le has pegado. Así que, cuando te descuides, el perro seguirá con su juego de destrozar la planta.
Si diciendo “no”, apartando al niño o al perro de la planta y dándole una alternativa para jugar, por parte del niño se recibiera una pataleta (o agresión) o por parte del perro se recibiera un gruñido (o incluso un mordisco) es porque tanto el niño o el perro no tienen claro su lugar en la jerarquía.
Otra diferencia importante es la capacidad del ser humano de sentir vergüenza. Si un animal comete un error en público (equivocarse de camino, tropezarse…) en cuanto se da cuenta simplemente sigue con su camino y, por supuesto, aprende cómo hacer las cosas la próxima vez. Además, no hay peleas por la razón que ha motivado el error. Sin embargo el ser humano, debido a su habitual inseguridad, lo primero que hará será mirar a ver si le ha visto alguien, y a veces ni siquiera se fija en el error cometido, con lo cual no aprende y muchas personas, empeñadas en tener razón, incluso se pelean o tratan de pelearse por ello, debido a esa inseguridad mencionada. ¿No puede pensar cada uno lo que quiera? ¿Es que acaso alguien tiene toda la verdad en su mano? ¿Acaso es necesaria la aprobación de todo el mundo?

Más arriba hablaba de que los animales no conocen ni el odio, ni la venganza. No obstante, en muchos seres humanos es el pan de cada día. La gente es capaz de enzarzarse en una guerra con tal de que le den la razón, por motivos de odio, por venganza. La venganza típica: tú matas a los míos, yo mato a los tuyos, muy bien reflejada en la guerra contra el islamismo que ha emprendido EE.UU con Al Qaeda. “Vosotros tiráis las torres gemelas, nosotros invadimos Irak”. Como en Irak colaboraron España e Inglaterra, pues les tocó también “premio”, y así seguimos todavía a ver quién mata a más. Sin embargo esto no se ve en los animales. ¿Dónde se ha visto una guerra entre animales? Que se peleen entre ellos es normal, ¡nadie se lleva bien con todo el mundo! Los animales no tienen la capacidad de adelantarse a las consecuencias, si nunca han vivido una experiencia similar. Pero una vez pasada la pelea por el desencuentro, cada uno se va por su lado y se acabó, mientras que en el caso del ser humano no es así. Siempre hay alguno que sigue con su rencor latente.
Lo que la gente asocia con celos entre los animales corresponde a no entender la jerarquía que existe o a querer modificarla. Si dos animales jerárquicos (perros por ejemplo) se pelean y, una vez peleados, te dedicas a “consolar” (acariciar y a hacer carantoñas) al que ha perdido, estás interfiriendo en la jerarquía que han establecido entre ellos. Si tú eres el que tiene el mando (el jefe, macho alfa…) y te dedicas a consolar al que ha perdido, estás dando a entender al ganador (que ha quedado por encima del perdedor en la jerarquía) que su puesto en la jerarquía no ha quedado por encima del perdedor. Por tanto, lo que se debería hacer es hacerles carantoñas a los dos (primero al ganador y luego al perdedor) o no hacérselas a ninguno. Lo que llamamos “celos” entre animales es simplemente el desconcierto del ganador por no saber en qué puesto de la jerarquía está. Es como el niño que tiene una pataleta porque su hermano pequeño (que nació después) está recibiendo atenciones; esta es una forma de tratar de conseguir el mando en la jerarquía o, por lo menos, subir un escalón en ella.

Otro hecho importante es que los animales jerárquicos (especialmente), aunque también los no jerárquicos, son muy leales al humano que les cuida y con los suyos (los jerárquicos).
Siempre que, si el animal es jerárquico, sepa en qué posición de la jerarquía se encuentra, ya puedes equivocarte 21.000 veces que seguirá siendo leal a ti. Digo equivocarte, no darle una paliza de órdago y hacer como si no pasara nada. Lo peor que pasaría entonces, sería que el animal te cogería miedo, pero no intentaría atacarte, salvo que lo acorrales (respuesta defensiva frente al miedo).
Por otro lado, yo misma tengo la experiencia de haber hecho terapias con perros y gatos (en un albergue donde estaba de voluntaria) que no habían visto una persona en su vida, a los que se les daba por animales de difícil posibilidad de adopción debido al pánico que les daba acercarse a la gente. Si logras conseguir la confianza de un animal de esas características, confía ciegamente en ti. Incluso si vas con otra persona (ya que a ti no te tendrá miedo, pero a la otra persona sí), pero si va contigo, estará más abierto a conocer. Por el contrario, cuando el ser humano desconfía es muy difícil hacer que vuelva a confiar. Una vez cae en el camino negativo, es difícil de sacar.
El ser humano es muy mal pensado (y a veces tiene muy malas intenciones) y algunos perdonan poco o nada. A veces pone la excusa de la equivocación cuando realmente no se equivoca. Los animales no pueden llegar a tener tal mala idea. Tienen la inocencia de los niños.
Como último apunte, quiero mencionar que los animales en general tienen un sexto sentido que el ser humano perdió hace mucho tiempo. El ser humano prefiere tener pruebas de todo a fiarse de su sentido común. Así, los animales saben detectar terremotos antes de que se produzcan y saben qué persona tiene buenas intenciones (para con ellos) y cuales no...
Si tienes la suerte de convivir con un animal y este animal se lleva bien con una persona (amigo, pareja, etc…) y de repente, sin causa aparente, se muestra esquivo con esta, trata de averiguar a qué se debe. No busques el foco en el animal, búscalo en la otra persona porque puede ser una indicación de que sea hora de cortar la relación con ella. No estoy diciendo que elimines el contacto con las personas que se lleven mal con los animales de compañía con los que convives. Es normal que un animal muestre rechazo a una persona a la que no le gustan los animales. El hecho es tratar de comprobar si hay alguna posibilidad de que esa persona acabe haciéndote daño.
Espero que esto sirva como reflexión y que ya que somos animales (humanos, pero pertenecemos al reino animal, al fin y al cabo), seguro que podemos aprender de las demás especies.

Antes de terminar quisiera recomendar un libro:

Hay un libro que se titula “El Poder del Ahora” de Eckart Tolle (la versión para niños se titula: El secreto de Milton: “El Poder del Ahora para Niños”) que habla de que hay que vivir el momento presente, es decir “el ahora” y así se evitarían muchos problemas y preocupaciones. Viene a decir que te haya pasado lo que haya pasado, el pasado ya no está en este momento y que pase lo que vaya a pasar en un futuro, ahora no lo vas a poder solucionar hasta que no llegue el momento. Así que no hay que preocuparse ahora.

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